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La Coctelera

Categoría: cuentos

14 Diciembre 2008

Un cuento de pascuas

14 dic 08 En: cuentos

La noche está más quieta que nunca. En un eco distante se escucha el clamar de un perro, avisando la presencia de alguien, o protestando la negligencia hacia su ser. Se estremece con cada ladrido que emana de su cuerpo canino, áspero al tacto.
Un hombre se acerca a él, y le hace un gesto amistoso, con lo cual él can baja sus defensas, agacha la cola y gime, desesperado por un poco de cariño. Lo acaricia un buen rato, el áspero pelaje raspando la palma de su mano mientras el can mueve amistosamente el rabo en signo de aprobación.

El extraño se incorpora y enciende un cigarrillo, para así poder vencer el frío de la noche. La calle se encuentra desierta. Las casas parecen habitadas, puesto que en algunas ventanas se pueden ver luces destellantes y siluetas agrupadas en su interior. Es navidad, y todos se encuentran celebrando y compartiendo en torno al árbol navideño.

Hurgueteando en sus bolsillos, sus dedos se encuentran con una caja pequeña adornada por un humilde lazo. Un obsequio, que sin duda, fue comprado con el mejor de los esfuerzos. Nuestro personaje saca el pequeño obsequio desde dentro de su abrigo. Adosado a él hay una pequeña nota adhesiva que tiene unos garabatos escritos:





"Los Bodahones, 182. Maitiza"






El hombre observa atentamente la nota y luego camina unos cuantos pasos, hasta parar al frente de un viejo cartel, que está doblado y oxidado por las incesantes lluvias que atestan la ciudad. Al comprobar minuciosamente que la dirección de la calle coincide con la escrita en el papel, él apaga su cigarrillo con un pisoteo bien firme, puesto que claramente, ellos no aprobarán su vicio. Nuestro personaje se encamina de vuelta a la casa del perro que ladraba, pero que ahora lo invita a jugar. Se queda parado un buen rato frente a la reja, como si quien aún no tomara una decisión, para luego después de mucho pensar, con un paso lento e inseguro abre la rejilla del 182 y toma el pequeño camino que atraviesa un jardincito muy bien tenido y adornado con todo tipo de plantas, que llega hasta una puerta en donde cuelga una bella corona navideña adornada con muérdagos.

Antes de proseguir es necesario develar a nuestro extraño. Por el momento sólo puedo decir que su nombre es Osvaldo Briones, y que tiene 30 años. Su vida, procedencia y qué lo trae a Los Bodahones, 182, en noche buena, es un cuento amigos que continuará....

3 Diciembre 2008

Me encuentro sentada en la alfombra, mirando nuestras viejas fotos. Afuera la ciudad se mantiene despierta, mientras la lluvia golpea mi ventana y deshace la actividad de un lugar que irradia soledad. Me saqué los zapatos, pues mis pies ya no daban más con el ajetreo diario del trabajo. La alfombra acaricia mis pies y me reconforta, me invita a recostarme en su mar de suavidad.

Giro las hojas de nuestro último álbum fotográfico y miro nostálgicamente nuestras sonrisas y miradas. Esas miradas que delataban un amor profundo el uno hacia el otro. ¿Qué habrá pasado con nosotros? Observo los lugares inmortalizados que fueron cómplices de nuestro amor. La envidia que nos tenían los viejos, porque su amor ya no era el mismo y la envidia de los jóvenes, porque los carcomía la soledad.

La música suena suavemente, un jazz acompaña mi tristeza, alimentada por una copa de vino que remueve mis entrañas. Todo lo que huelo, veo y escucho me recuerda a tí, todos los rincones de mi departamento en donde me hacía el amor tienen vivo un recuerdo de ti.

Mi celular destella y comienza a vibrar, lo observo mientras gira sobre sí mismo, insistente a que vaya a contestar, mientras yo deseo a que fueses tú el que fuera a llamar. En este momento no deseo hablar con nadie más que tú.

La televisión se encuentra muda, destellando imágenes de una novela barata, de hombres y mujeres que se aman apasionadamente hasta la eternidad, ¡Vaya fantasía que no se acerca ni más mínimamente a la realidad!.

Tomo el celular y lo observo, busco en la agenda tu número, y luego lo dejo en la alfombra. Enciendo un cigarro, y lo dejo consumir en el cenicero, mientras me hago el valor para llamarte, todo tipo de pensamientos circulan en mi cabeza, ¿Y si no quiere hablar conmigo? ¿O contesta otra mujer? ¿A lo mejor cambió su número? O peor aún, ¿A lo mejor se cambió de ciudad?

Una leve esperanza permanece en mí de que tú también estés como yo, divagando en los recuerdos de nuestro pasado.

Decido llamar. Acerco el celular a mi oreja.. y su sonido monótono me deja colgando de un hilo hasta que...

Tu voz aparece al otro lado de la línea:

-¿Aló?

Me quedo muda, se me cierra la garganta y sólo se me ocurre decir:

- Soy yo..

Tú te quedas mudo por un momento, mientras mi respiración agitada delata mi estado deplorable por el teléfono. Luego me dices:

- Espérame en la tienda de la esquina.

La línea se corta y me quedo con el teléfono en la mano. Rápidamente me incorporo, y boto la copa de vino en la suave alfombra que me acogió en mi congoja. Me pongo mis zapatos y corro hacia la calle.

Afuera el cielo está que se cae. Tú llegas a mi encuentro corriendo, me tomas y me besas largamente, la lluvia apaciguando nuestra pasión.

Volvemos a mi departamento, nos metemos en la cama y nos amamos como nunca lo habíamos hecho. Luego conversamos mientras tú acaricias mi piel y yo tu pelo. Una conversación que duró horas, sobre lo pasado, lo presente y lo futuro. Afuera ya no llueve y se escucha el cantar de los pájaros. Es ahí cuando tú me miras y me preguntas ¿Cuándo comienzan a cantar los pájaros?

Despierto en la alfombra, nuestro álbum de fotos a mi lado, el cigarro consumido y la copa de vino manchando la alfombra
El reloj marca las 5.30 a.m.

2 Mayo 2006

El Hombre Del Piano

2 may 06 En: cuentos

Si alguien supo por qué lo hizo, no fue más que su mente.

La lluvia golpeaba su rostro a través de la ventana, un rostro invadido por la tristeza y las inseguridades, donde su cara ofrecía el reflejo de una vida larga y llena de experiencias. El hombre era sabio, sus ojos despedían sufrimiento y soledad.
Le pidió al taxista que lo dejara en la próxima esquina, le pagó y sin mirarlo se bajó del auto, mirando el suelo, no se bien si por la lluvia que le llegaba a los ojos, o bien porque estaba muy avergonzado para mirar hacia el frente.
Caminó, como si no hubiera apuro alguno, por las calles de un Concepción solitario, frío y húmedo.
Después de un largo rato de deambular entre calles y pensamientos inconcretos, se detuvo frente a una vieja casa, en pésimas condiciones, que necesitaba un buen aseo. La negligencia de las malezas que crecían en unos maseteros indicaba que la gente que vivía allí estaba muy ocupada para ocuparse de otras cosas, o más bien, muy preocupada para siquiera notarlo.
Abrió la puerta de entrada y se sumió a la oscuridad envolvente de la casa. Sus suelas pisotearon una que otra cuenta pendiente por pagar. Sin ni siquiera tambalear se desenvolvió a través del laberinto hasta llegar a una habitación que estaba alimentada por la luz de la luna. Revelaba una cama de 2 plazas desecha, un colchón un tanto viejo, que descifraba la presencia de un alguien más que había dormido constantemente junto con este hombre. Él se sacó su chaqueta, empapada por la lluvia, y con el resto de sus ropas húmedas, tiró su humanidad sobre la cama, y con los ojos abiertos de par en par, abrió su mente a los recientes hechos que habían ocurrido.

Todo se remonta hace 15 años atrás, cuando Roberto, nuestro protagonista, estaba terminando su carrera de música en la Universidad de Concepción. Él siempre había tenido gran talento para la música, y ahora estaba perfeccionando sus conocimientos en ámbitos teóricos, para luego lanzarse al mundo, como un hombre joven, lleno de talento y creatividad que quería entregar sus melodías y corazón a la gente. Se había especializado en piano, y su talento era tal, que con el poder y la delicadeza de su mano podía crear armonías, susurrar arpegios, y trenzar acordes dignos de admiración. Lo llevaba en su sangre, se desenvolvía con facilidad.
Fue ahí cuando conoció a Mabel, una mujer que también estaba terminando su carrera de música. Su fuerte era el violín, con él era capaz de crear melodías dulces como la miel, llenas de emociones y sentimientos. Era delgada y frágil, con un rostro dulce, pronto logró conquistar el corazón de Roberto. El amor que ambos compartían era casi perfecto, la prueba escrita, las canciones que Roberto componía y ambos tocaban.
Ellos tocaban en pequeños locales, donde su música era muy querida y aplaudida por el público. Siempre iban al mismo local, y cada día se hacían más famosos, él tocando el piano, y ella tocando el violín.
Un día, trágico tendría que llegar, Roberto sorprendió a Mabel con otro hombre, con el dueño del local, donde iban siempre a tocar. Su orgullo fue mayor y él la dejó atrás, junto con las súplicas y los llantos de Mabel, y Roberto se sumió a una depresión, que rehuyó inyectándose heroína.
Meses más tarde supo que Mabel había encontrado su fortuna y había partido a Santiago a grabar un disco que la lanzaría al estrellato. Él no le guardó rencor, y un día decidió ir a la disquería y compró su álbum. Cuando llegó a su casa, prendió la radio, y metió el cassette, que para su horror, reveló melodías parecidas a las que él había compuesto, cada vez más iguales a la que alguna vez había tocada con ella cuando escuchaba las canciones nuevamente. El mismo piano enamorado interpretaba en una grabación de mediana calidad. Roberto enfurecido salió a la búsqueda de Mabel, cuchillo en mano, y cuando la encontró, la mató, la mató por haber engañado su amor y su música.

El sol salió, Roberto dormía.

5 Diciembre 2005

UN PEDIGÜEÑO ORIGINAL- (texto original por imagina, pero lo he alterado y hecho algunas variaciones)

Sin dudar bajé por las sucias escaleras de la estación del metro, y me sumergí en un hoyo de movimiento y soledad. Era un día normal como cualquier otro, el reloj marcaba las 6 de la tarde, y yo, como habitualmente lo hacía, esperaba el tren para ir a casa. El ambiente era serio, casi muerto. Toda la gente vestida de terno y usando sus máscaras de seriedad y cansancio, esperaban el tren para ir de vuelta a casa después de un agitado día en el trabajo. Ninguna sonrisa podía ser vista en ese mar de movimiento.

Hace ya bastante tiempo que vivo en esta ciudad, solo y lejos de mi familia, que enfrentaban una crisis en algún lugar remoto de este mundo. Siempre me han dicho que soy un hombre fuerte, por lo que no tuvieron mayores preocupaciones cuando decidí irme, porque sabían que yo de alguna forma sobreviviría y saldría adelante.

Sobreviví y logré entrar a una universidad, que pago con mucho esfuerzo trabajando como mesero en un restaurante con mucha clase, aquellos restoranes donde las personas de la alta sociedad van a hablar sobre negocios, con sus trajes aburridos y serios, y las mujeres se ponen sus mejores trajes y joyas, y se juntan a chismosear sobre la sociedad y los espectáculos.

Pero hay días que las fuerzas parecen desvanecer de mi, y me encuentro tan vulnerable como le afecta el frío a un bebé. Y es en esos momentos que necesito una sonrisa, un apoyo, alguien que me de el empujón y me tire de nuevo a la vida, a seguir luchando, a no quedarme atrás.

Ese día, salí de mis pensamientos por algunos segundos para poder tomar el tren, entre, para darme cuenta que estaban todos los asientos ocupados, a si que me tuve que ir de pie, pero milagrosamente, era el unico que iba parado. Todo el mundo me miraba, me sentía como un animal enjaulado en un zoológico. Pues fue ahí cuando decidí hablar y decir mis pensamientos. Un poco nervioso, carraspié y levante la voz.
Casi como si fuera un trance, estas fueron las siguientes palabras que pronuncié:
- Les agradecería que me prestarán atención. Soy estudiante, estoy sólo en esta ciudad, y mi familia está muy lejos y no tengo amigos, ni conocidos. Normalmente puedo aguantar la soledad y mantengo un buen estado anímico. Pero hay algunos días que me siento más bien deprimido, y hoy es uno de ellos. No les voy a pedir dinero, sólo les pido su simpatía y su cariño. Ahora voy a pasar por delante suyo y agradecería, desde lo más profundo, una sonrisa de afecto, de cada uno de ustedes, o una palabra de aliento. -

Partí caminando hacia un hombre que parecía ser oficinista, pero creo que éste se avergonzó un poco y me trató de ignorar, abriendo el periódico que llevaba en la mano. Luego me acerqué a un obrero, que luego de pelear con sus demonios internos, superó la vergüenza y me esbozó una tímida, pero reconfortante sonrisa. Después, me acerqué a un hombre de tercera edad, que me mostró una amplia sonrisa y me dio la mano. Seguí caminando y dos señoras más bien viejas, me abrazaron y me dieron algunas palabras de aliento. Luego, como si hubiera sido una orden mecánica, mucha gente se levanto y se dirigió hacia mi, y me esbozaron mil sonrisas y me consolaron, me dieron el empujón para seguir adelante, para seguir luchando.

El tren llego a la siguiente estación, y despidiendome y agradeciendo a la gente, me baje y emprendi mi camino hacia mi casa, con el corazón tibio y un ánimo esperanzador.

No dejes que tu máscara quite la sonrisa que llevas dentro, nunca sabes quien pueda necesitarla. Gracias a ella, podemos unirnos y dejar de lado nuestras diferencias, y luchar juntos contra una causa.

5 Noviembre 2005

Fin

5 nov 05 En: cuentos yo


Se incorporó, al leve ruido que llegó hasta sus oídos, se erizó. Petrificada al sentir las voces que le susurraban.
Se encontraba sola, nunca en su vida se había sentido tan sola. Jugaba con su propia sombra, y conversaba con el silencio. La oscuridad y el vacío se habían convertido en sus confidentes, siempre tan sola, tan callada, vivía hablando hacia adentro, siempre a sí misma. Sus cansados ojos reflejaban la juventud triste que vivía producto de su oscuro y triste pasado, su lucha contra su propia inseguridad, su miedo a las palabras de los demás. Su fina sensibilidad que le jugaba en contra, siempre debilitándola, agitando la tempestad que vivía dentro de sí misma.
Una lágrima recorría su mejilla mientras, sumida en su propio abismo, imágenes llenaban su mente. Imágenes del pasado, felices, y tristes, que atormentaban su psiquis. Buscaba en los recovecos de su mente, alguna explicación a estos cambios, pero al no encontrar la respuesta, desesperaba y se ahogaba en un mar de odio a si misma. Forzaba una sonrisa que era quebrada por la tristeza que invadía. La alegría había abandonado su cuerpo.
Pero un día, el sol volvió a aparecer detrás de las nubes que la acompañaban, fue una extraña situación. El la veló y la guió, la escuchó y la aconsejó. Era el único que la entendía de verdad. La guió por el camino, siempre ofreciendo su luz, luchando contra la oscuridad que aun expelía de ella. Le enseñó lo que era una sonrisa verdadera, y le ayudó a enfrentarse con optimismo.
Y así ella volvió a ver el camino. Había empezado otra etapa en su vida..

11 Octubre 2005

Vampira

11 oct 05 En: cuentos

La luna llena mística y solitaria, se posa bajo una estrellada noche de Octubre, observando a su alrededor aquellos movimientos de medianoche.
Una figura delgada y sigilosa, camina silenciosamente.
Sus ojos irradian locura, su respiración, nerviosismo,
Pero sus movimientos la muestran sensual, pasiva y alerta.

Aparece otra figura, lenta y distraída.
En un punto de fusión ambas figuras se juntan,
una grita, la otra gime. Una calla, la otra debora, penetra su cuello, y saca el élixir de la sangre.
La bebe, sedienta, salvaje.

Sin más rastro que ocultar, se incorpora como siempre sensual. Se encamina hacia otro lugar,
para saciar su eterna necesidad.

23 Septiembre 2005

Destino Trágico

23 sep 05 En: cuentos

Un pequeño cuento, que encontre por ahí en mi computador...

Esta historia se situa en otra dimensión, invisible al ojo humano, al humano vivo. Esta es una dimensión donde el azufre y el lamento predominan, donde los muertos sufren y se queman en las lavas del infierno.
Lucifer diariamente recibe almas, algunas muy atrevidas y orgullosas, y otras, que al llegar a estas tierras lloran y rezan por su salvación, por una posible entrada al cielo. Estas últimas, son las que pasan directamente a las lavas, para desintegrar su alma pecadora y llenar el aire con horribles lamentos. Las otras almas viven más tiempo y se les deja disfrutar los placeres prohibidos.
El infierno es una constante fiesta de orgías y alcohol, donde su anfitrión es el diablo. Pero Lucifer también tiene sus planes, tiene un ejército de almas malvadas, que tienen como objetivo desequilibrar la paz en el mundo terrenal y mortal, invadirlo de sufrimiento y muerte. Cada alma representa un defecto, una tragedia. Hay tales como la infidelidad, el hurto, la mentira, la pobreza y el hambre, la codicia y el egoísmo.
Lucifer ya con su ejército armado, tira todas estas almas a su pozo y las hace sufrir, para que así estas se llenen de ira y venganza, e invadan los corazones de la gente inocente.
Ya todo listo, el manda a estas almas, los malditos, a la tierra, para que penetren en el alma de la gente y la ensucien. Enseguida miles de actos horribles se desencadenan en el mundo, causando el pánico en aquella gente pura. La humanidad entera lucha entre sí donde el único destino será la extinción de la raza humana. La única salvación del mundo será la inocencia y la pureza.

12 Septiembre 2005

Fotografías

12 sep 05 En: cuentos

Sollozo. Sollozo una y otra vez. Infinitas lágrimas salen a respirar, después de haber estado encarceladas en estos tristes ojos, que por mucho tiempo no han brillado. Una angustia me invade provocando más llanto. No lo se, no se el por qué del llanto, un fuerte sentimiento se aferra hacia mi. Las lagrimas se convierten en palabras, frases procedentes de mis pensamientos más guardados, palabras que desnudan mi intimidad, recuerdos de lo que alguna vez fui. Las palabras se plasman en la pared del vacío infinito en que me encuentro, suspendida en el aire, sostenida por una fuerza mayor que la mía. A medida que voy leyendo, voy comprendiendo las frases, las oraciones. Son relatos propios de mi vida, de mis pasados recuerdos. Una ilusión, un holograma va revelando en imagen y sonido todos estos recuerdos. Mi memoria se agudiza, mi interior ya no sufre, el llanto ha encontrado un consuelo a su pena. Si, son las imágenes, como una cámara que ha seguido mi vida y yo nunca me he dado cuenta. De repente empieza a mostrar imágenes que no recuerdo, cosas del futuro. El miedo se apodera de mí, pero la curiosidad es más fuerte. Miro atentamente a lo que el futuro me depara. Al ver las imágenes que danzan en mis ojos me invade la felicidad, a veces la tristeza, me equilibra, me doy cuenta que me equilibrio y mi reflejo en el holograma también. Apronto las situaciones con mucha calma, y me mantengo serena. Al terminar de ver mi vida, el holograma se va desvaneciendo y las palabras en las paredes también, todo lo succiona el vacío, lo negro que me rodea. Cuando ya no queda nada, aparece frente a mi un álbum de fotos. Al abrirlo puedo ver todos mis recuerdo inmortalizados, desde mi infancia hasta el presente. Toda mi vida en fotografías.