
En estas cuatro paredes blancas,
Desahogo mis penas,
En cada uno de sus cojines,
Desquito mi desentendimiento.
Tantas noches paso aqui sola,
Esperando que alguien entienda,
Pero todos me observan cual si fuera un animal.
Odio el cinicismo de este lugar,
En vez de ayudarme,
Solo me hacen sufrir más.
Me confunden y me sacan de quicio,
Miles de voces que se camuflan en el sonido de mis gritos.
Que alguien saque la venda que llevo puesta en mis ojos,
Que alguien me muestre el camino hacia la luz.
En este último tiempo,
Solo los escucho a ellos,
Sus dientes rechinando en los recovecos de mi mente,
Absorbiendo, el aire que rodea mis oídos.
Y los observadores,
Miran con dolor,
Al ver que intercambio palabras con el aire.
Ya no aguanto más,
Debo romper este esquema que me margina,
Debo hacer desaparecer los colores que ingiero para alargar los momentos de lucidez.
Me azoto contra los cojines,
Sometida dentro de esta camisa de fuerza,
Para caer una vez más y darme cuenta,
Que los observadores,
Solo se dedican a jugar con mi mente.
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