La luna llena mística y solitaria, se posa bajo una estrellada noche de Octubre, observando a su alrededor aquellos movimientos de medianoche.
Una figura delgada y sigilosa, camina silenciosamente.
Sus ojos irradian locura, su respiración, nerviosismo,
Pero sus movimientos la muestran sensual, pasiva y alerta.

Aparece otra figura, lenta y distraída.
En un punto de fusión ambas figuras se juntan,
una grita, la otra gime. Una calla, la otra debora, penetra su cuello, y saca el élixir de la sangre.
La bebe, sedienta, salvaje.

Sin más rastro que ocultar, se incorpora como siempre sensual. Se encamina hacia otro lugar,
para saciar su eterna necesidad.