
Si alguien supo por qué lo hizo, no fue más que su mente.
La lluvia golpeaba su rostro a través de la ventana, un rostro invadido por la tristeza y las inseguridades, donde su cara ofrecía el reflejo de una vida larga y llena de experiencias. El hombre era sabio, sus ojos despedían sufrimiento y soledad.
Le pidió al taxista que lo dejara en la próxima esquina, le pagó y sin mirarlo se bajó del auto, mirando el suelo, no se bien si por la lluvia que le llegaba a los ojos, o bien porque estaba muy avergonzado para mirar hacia el frente.
Caminó, como si no hubiera apuro alguno, por las calles de un Concepción solitario, frío y húmedo.
Después de un largo rato de deambular entre calles y pensamientos inconcretos, se detuvo frente a una vieja casa, en pésimas condiciones, que necesitaba un buen aseo. La negligencia de las malezas que crecían en unos maseteros indicaba que la gente que vivía allí estaba muy ocupada para ocuparse de otras cosas, o más bien, muy preocupada para siquiera notarlo.
Abrió la puerta de entrada y se sumió a la oscuridad envolvente de la casa. Sus suelas pisotearon una que otra cuenta pendiente por pagar. Sin ni siquiera tambalear se desenvolvió a través del laberinto hasta llegar a una habitación que estaba alimentada por la luz de la luna. Revelaba una cama de 2 plazas desecha, un colchón un tanto viejo, que descifraba la presencia de un alguien más que había dormido constantemente junto con este hombre. Él se sacó su chaqueta, empapada por la lluvia, y con el resto de sus ropas húmedas, tiró su humanidad sobre la cama, y con los ojos abiertos de par en par, abrió su mente a los recientes hechos que habían ocurrido.
Todo se remonta hace 15 años atrás, cuando Roberto, nuestro protagonista, estaba terminando su carrera de música en la Universidad de Concepción. Él siempre había tenido gran talento para la música, y ahora estaba perfeccionando sus conocimientos en ámbitos teóricos, para luego lanzarse al mundo, como un hombre joven, lleno de talento y creatividad que quería entregar sus melodías y corazón a la gente. Se había especializado en piano, y su talento era tal, que con el poder y la delicadeza de su mano podía crear armonías, susurrar arpegios, y trenzar acordes dignos de admiración. Lo llevaba en su sangre, se desenvolvía con facilidad.
Fue ahí cuando conoció a Mabel, una mujer que también estaba terminando su carrera de música. Su fuerte era el violín, con él era capaz de crear melodías dulces como la miel, llenas de emociones y sentimientos. Era delgada y frágil, con un rostro dulce, pronto logró conquistar el corazón de Roberto. El amor que ambos compartían era casi perfecto, la prueba escrita, las canciones que Roberto componía y ambos tocaban.
Ellos tocaban en pequeños locales, donde su música era muy querida y aplaudida por el público. Siempre iban al mismo local, y cada día se hacían más famosos, él tocando el piano, y ella tocando el violín.
Un día, trágico tendría que llegar, Roberto sorprendió a Mabel con otro hombre, con el dueño del local, donde iban siempre a tocar. Su orgullo fue mayor y él la dejó atrás, junto con las súplicas y los llantos de Mabel, y Roberto se sumió a una depresión, que rehuyó inyectándose heroína.
Meses más tarde supo que Mabel había encontrado su fortuna y había partido a Santiago a grabar un disco que la lanzaría al estrellato. Él no le guardó rencor, y un día decidió ir a la disquería y compró su álbum. Cuando llegó a su casa, prendió la radio, y metió el cassette, que para su horror, reveló melodías parecidas a las que él había compuesto, cada vez más iguales a la que alguna vez había tocada con ella cuando escuchaba las canciones nuevamente. El mismo piano enamorado interpretaba en una grabación de mediana calidad. Roberto enfurecido salió a la búsqueda de Mabel, cuchillo en mano, y cuando la encontró, la mató, la mató por haber engañado su amor y su música.
El sol salió, Roberto dormía.
Lobo López
2 may 2006 | 03:08 AM
Toda una pesadilla. Me gustó.
Besos
Sharito Mar
3 may 2006 | 08:28 PM
Lo encontré, me gusta y seguiré llegando para leerte.
Alvaro
4 may 2006 | 10:47 AM
Interesante historia, es curioso lo maldito que llega a ser el amor, pero así nos mueve aveces, por un camino entre irracional y bello.
Ademas los sonidos(para mi, evocaciones), Concepción-Santiago, me traen recuerdos maravillosos.
Un saludo, desde muy lejos, te seguiré leyendo.
Alvaro
justme
7 may 2006 | 01:02 AM
Muy interesante...regresare a leer sobre ti!
El Neumococo Chochiflán
8 may 2006 | 10:10 PM
La peor manera de poseerte es vampirizar tus ideas.
Excelente relato. Como de costumbre.
Saludos bacterianos.
Carlos
15 feb 2007 | 07:33 PM
Bien lo tuyo ya que llega. Así da gusto pasearse por un rato en los blogs, porque una sale mejorado. Gracias